Cuatro preguntas para enfocar tus experimentos con la IA

El instrumento es tan potente que a veces guiar nuestros esfuerzos (y nuestra fantasía) puede llevarnos a una implementación de mayor valor.

Decidir por dónde empezar a implementar Inteligencia Artificial generativa en tu trabajo puede ser un reto: tratándose de una tecnología tan amplia -una general purpose technology– se puede utilizar prácticamente en todas partes.

Si estás siguiendo las las 4 ”e”  y ya has dado por completada la etapa inicial de exploración y te estarás acercando a definir tus experimentos.

La dirección que decidas seguir dependerá de mil factores: tus objetivos de negocio, tu equipo, los instrumentos favoritos y muchos más.

Te propongo cuatro preguntas que pueden guiar tu proceso:

  1. ¿Qué puedo dejar de hacer?
  2. ¿Qué imposible se vuelve posible?
  3. ¿Qué propuesta de valor puedo expandir?
  4. ¿Qué propuesta de valor puedo profundizar?

Las saqué directamente de un artículo de Ethan Mollick – te recomiendo seguirlo: es uno de los más brillantes pensadores (y experimentadores) en lo que se refiere a la adopción de Inteligencia Artificial.

Vamos una por una.

¿Qué puedo dejar de hacer?
Nada mejor que invertir el tiempo ganado en unas buenas vacaciones en la playa.

Aquí buscamos la tarea que puedo “delegar” a la IA y dejar de hacer para siempre.

Debe ser importante, no cualquier cosita: la idea es que dejar de hacerla me cambie la vida. Te sugiero que empieces a buscar desde las que menos te gustan: ¿no sería maravilloso que tu segundo cerebro desocupara el primero justo de lo que más le pesa?

Un buen ejemplo puede ser el follow up de una reunión: las actas, el resumen, compartir los action points y darles seguimiento etcétera etcétera.

A mí ninguna de estas tareas me emociona y termino procrastinando – especialmente en esos días donde no hay pausa entre una llamada y la otra. Los seguimientos se acumulan para el final del día y terminan siendo desplazados por acciones más urgentes.

En este caso el experimento podría estructurarse de la siguiente manera:

Problema observado: un alto porcentaje de mis reuniones se quedan sin follow up (lo ideal sería medirlo, pero con una sensación empírica es suficiente)

Hipótesis: utilizar un asistente de Inteligencia artificial puede reducir ese porcentaje a menos de la mitad (o generar la clara sensación de haber mejorado mi flujo de trabajo).

Experimento: encontrar el asistente correcto; aprender a usarlo; implementarlo en algunas reuniones más sencillas, después en las más complejas, finalmente en todas.

Resultados: Al cabo de unas semanas validar la hipótesis, midiendo el impacto u obteniendo una validación informal de personas que hayan estado expuestas al nuevo proceso y al viejo.

Otro ejemplo -sugerido por Ethan- puede ser el brainstorming en la empresa: en lugar de reunir varios seres humanos alrededor de la mesa, el proceso puede optimizarse al involucrar una o más inteligencias artificiales – capaces de generar más ideas por minuto e inmunes a los problemas de ego.

O tal vez para tu caso particular sea interesante delegar el Business Intelligence a una IA: recopilar información de la competencia, confrontarla con tu oferta y poner todo este conocimiento a disposición a través de una interfaz conversacional.

Encontrarás tu experimento: lo importante es que al final te permita dejar de hacer al 100% (o al menos al 90) algo importante.

¿Qué imposible se vuelve posible?
La jungla no se ve tan infranqueable si tienes un machete y conocimientos básicos de ingeniería civil.

Nada mejor para demostrar el valor de la IA que atreverse a algo que antes se consideraba imposible.

¿Qué podrías hacer si tuvieras 10 expertos de talla mundial a tu disposición? ¿O 5,000 practicantes?

Aquí estamos buscando una tarea que antes resultaba impracticable por falta de talento o de tiempo; algo que agrega valor pero que no se puede (podía) ejecutar con los recursos tradicionales.

Un ejemplo podría ser tener una cuenta de X/Twitter para cada versión de tu producto; una para cada modelo de celular, por ejemplo, si eres Samsung. Cada cuenta sería manejada enteramente por la IA: desde la definición de la estrategia hasta la creación del contenido, el Community management y el informe de resultados.

No estoy diciendo que sea buena idea, pero sí es algo inimaginable con herramientas tradicionales (y un típico escenario de la Era del Contenido Infinito).

El correspondiente experimento podría ser este:

Problema observado: buena parte de las conversaciones de la cuenta corporativa se refieren a modelos específicos de celular (digamos un 25%) y la mayoría van sin respuestas porque son muy técnicas.

Hipótesis: creando una cuenta para cada modelo de celular podemos entablar conversaciones relevantes y convertirlas en más ventas.

Experimento: generar una cuenta manejada por IA para el modelo existente que genere más conversaciones.

Resultados: al cabo de unos meses validar la hipótesis, analizando las métricas clave (¡empezando por las ventas!). Frente a un resultado positivo, proceder a lanzar una o dos cuentas más, al tiempo con el lanzamiento de los modelos.

No es un ejercicio fácil: lo imposible lo guardamos en un cajón y nunca lo volvemos a abrir.

¿Qué se te ocurre a ti, para tu negocio?

A mí se me ocurre generar automáticamente los ejemplos de aplicaciones para una presentación sectorial; frente a una invitación de la Asociación Colombiana de Odontólogos -por ejemplo- poder responder en 10 minutos con un borrador de keynote con los mejores ejemplos de usos de realidad aumentada en su profesión.

En general me encanta investigar nuevas verticales – es donde obtengo una visión 360 de las tecnologías emergentes – pero no estaría mal poder obtener ese borrador en 10 minutos (imposible sin un GPT entrenado para eso y buena data para alimentarlo).

¿Qué propuesta de valor puedo expandir?
Estamos hechos el uno para el otro, leoncito mío…

Este es el territorio de la democratización de nuestra oferta.

Pensemos por ejemplo en una agencia de publicidad: su negocio es atraer al mejor talento para ofrecer servicios de creatividad, estrategia y planificación de medios.

Este talento es tan caro que normalmente los servicios se ofrecen solamente a las marcas más importantes, a los principales anunciantes del país.

¿Qué tal si se pudiera expandir esta oferta a empresas medianas o incluso pequeñas? ¿Existe -en otras palabras- una manera de aumentar el alcance de ese talento sin perder calidad? ¿Cuánto pueden abarcar (número de cuentas) sin dejar de apretar (eficacia de sus acciones e impacto sobre las ventas del cliente)?

Estoy seguro que un experimento parecido ya se está haciendo en por lo menos 20 grandes capitales de la publicidad:

Problema observado: Los grandes talentos son pocos y su día laboral sólo dura entre 10 y 14 horas (este último rango se alcanza con suplemento de pizzas y otros motivadores extraordinarios).

Hipótesis: A través de la IA se puede extender su radio de acción: teleconferencias manejadas por avatares, múltiples whatsapps con la misma personalidad del humano correspondiente, brazos robóticos para recibir los premios en Cannes y cosas por el estilo.

Experimento: En una filial de un país remoto crear un equipo dedicado a servir un cliente mediano (uno solo, para empezar) con este tipo de “extensiones de talento”

Resultados: Al cabo de 6/12 meses, validar la hipótesis: ¿fueron capaces de mantener al cliente? ¿Se dieron los resultados de ventas? ¿Sufrieron los clientes originales?

Frente a una respuesta positiva, ese mismo equipo podría agregar uno o dos clientes más, mientras el mismo experimento se podría expandir a otros 5 países (tal vez bajo una nueva marca más down market).

Otro ejemplo -sacado de la pieza de Ethan- podría ser la educación personalizada. Si antes sólo nobles y ultrarricos podía permitirse un tutor personalizado, ahora servicios cómo Khanmigo pueden servir a millones de niños (y adultos).

¿Qué propuesta de valor puedo profundizar?
Por algo nos gusta llamarla “estación de servicio” y no “gasolinera”

Esta última pregunta podría parafrasearse en “¿qué más puedo ofrecerles a mis clientes actuales con base en data que tengo o podría tener y en un modelo/instrumento propietario de inteligencia artificial?”

Aquí nos enfocamos en relaciones ya existentes y lo que buscamos es ir más en profundidad: “dame más”, diría un entrenador convencido de las reservas de energía de su pupila.

Por ejemplo, imagínate entrando a tu estación de servicio favorita.

La misma bomba (el aparato) te recibe preguntándote: “¿lo mismo de siempre?” con la voz de tu cantante favorito – ella sabe (por tu placa) que llenas el tanque con gasolina premium y pides chequeo de niveles: tiene sentido que te proponga ese servicio por defecto (con la voz que ha escuchado salir de tu radio en las últimas visitas).

En seguida, el empleado te informa de cuánto falta para que se venza tu seguro obligatorio mientras sobre tu capó se proyecta el holograma de tu mismo carro siendo esfregado por Mickey Mouse (si es que te gusta) – cortesía del servicio de autolavado del lugar.

Me abstengo de describir el experimento asociado a este escenario – creo que se me fue la mano (a lo Hyper-Reality de Keiichi Matsuda)…

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Estos Cuatro Caminos pueden ayudarte a orientar la búsqueda del experimento correcto en tus esfuerzos de adopción de la Inteligencia Artificial generativa.

Vale la pena recordar los prerrequisitos de esta etapa: la exploración y el contacto en primera persona de todo el equipo con estos instrumentos.

Nada puede sustituir el uso directo y sin intermediarios: es difícil proyectar el impacto de una nueva herramienta sin haber experimentado su potencia en unas buenas horas de uso concreto.

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Nuevamente gracias.