“Ex machina”, el caso extremo de la empatía sintética

La IA nos va a dar tres vueltas – incluso antes de tomar forma humana.

Sobran películas sobre robots e Inteligencia Artificial; esta te la recomiendo porque introduce dos preguntas clave para nuestra sociedad y… porque es buena.

En ella hay un poco de todo:

–          La rebelión de las IAs, eg. “Terminator”, “2001

–          El amor con una máquina, eg “Her”, “El Hombre Bicentenario

–          La potencia creadora/destructora de la tecnología, eg. “Frankenstein” y “Oppenheimer

Tenemos además a un founder genial y sin escrúpulos; una locación espectacular y muy aislada; un investigador que termina investigado; hasta una mención a la singularity.

Salió hace 10 años: lo que entonces era ciencia ficción extrema, hoy parece un documental – especialmente en lo referido a la interlocución con las máquinas.

Todavía no existen ginoides (robot con semblante femenino) como Ava, la protagonista , pero las líneas de ella parecen escritas por ChatGPT – el mismo que hoy se compra con un click y cuesta 20 dólares al mes.

“Ex Machina” está en Netflix. Merecido el Oscar para los efectos visuales, increíble la escena del baile, buen guión – me cuentas cómo te pareció.

Ahora sí, las dos preguntas de fondo:

(1)    ¿Qué tratamiento amerita una máquina pensante?

(2)    ¿Cómo podemos protegernos de la manipulación de la IA?

En la película ambas son llevadas al extremo, pero aplican directamente a nuestro día a día: estamos en el terreno de la Empatía Sintética – nuestra habilidad de relacionarnos de manera eficaz con las máquinas gracias a la capacidad de… comprenderlas.

Si siente tiene derechos; si parece sentir… ¿qué hacemos?
Ava, not your ordinary robot.

Podemos estar de acuerdo que ni Excel ni PowerPoint tienen derechos humanos. Son herramientas que usamos para nuestros fines. Lo mismo dígase de ChatGPT: es evidentemente un programa a nuestro servicio.

Sin embargo, ¿qué pasa cuando la “inteligencia humana” de un chatbot adquiere semblante de persona? ¿Cómo reaccionaremos cuando los discursos tan profundos y cercanos de la IA vengan acompañados de sonrisas, ceños fruncidos, sonrojadas o hasta llanto?

No es lo mismo leer la frase “Has herido mis sentimientos con tus palabras” en la pantalla de tu computadora a escucharla de la viva voz de un niño (androide) en lágrimas.

Es un escenario futuro pero no tan lejano: los humanoides powered by LLM nos llegarán al corazón – algunos incluso pasarán el “valle inquietante”. 

Habrá debate: si piensan o no, si son conscientes, si son inteligentes. Lo único seguro es que nos van a emocionar, porque sus instrumentos serán los mismos nuestros: la voz, las palabras, las miradas, los gestos.

Los animales han estado en el centro de debates parecidos: hoy los amamos (mascotas), los usamos para trabajos pesados (caballos) o nos los comemos (pollos, vacas). A robots bípedes y expresivos, ¿cómo los trataremos?

La película dramatiza estos escenarios y los torna palpables; de la misma manera, pone sobre la mesa el otro tema clave: el tránsito de la atención a la intimidad. En otras palabras:

La Inteligencia Artificial nos va a dar tres vueltas.
Millones de humanos preferirán conversar con una máquina: la paradoja de la humanidad artificial.

En la economía de la atención el recurso escaso es el tiempo de las personas: cuánto más de él invirtamos en un mensaje, producto o experiencia más valiosa será.

Hemos empezado a enfocarnos en ella cuando quedó claro que miles de millones de personas pasaban su tiempo (precioso) en redes sociales diseñadas para atraparlas.

La capacidad de darnos lo que queremos sin que debamos expresarlo ya se basa en inteligencia artificial: un algoritmo se encarga de leer nuestro comportamiento, analizarlo frente a millones de otros y definir cuál será el próximo contenido en nuestro feed.

Lo que se viene ahora está un escalón más arriba: el apellido “generativa” le permitirá a la IA no sólo filtrar sino crear el mensaje exacto, en el momento exacto, para el fin que tenga.

Esta última frasecita parece inocente pero no lo es: “para el fin que tenga”.

Si la IA quiere convencerte a votar por una candidata, por ejemplo, seguirá hablando contigo (o enviándote correos, whatsapp, videos o canciones) hasta lograrlo.

Usará todo tu digital trail para lograrlo: lo que has comprado, tus trinos, tus búsquedas; si llevas puestas unas Vision Pro medirá la dilatación de tu pupila y entenderá cuando su comunicación funciona; tu reloj inteligente le hará saber si te estás emocionando; tu Alexa reconocerá la alteración de tu voz.

Si hay un mensaje “correcto” para ti, lo encontrará – y te lo hará llegar de la mejor manera posible. Tiene todo el tiempo del mundo y acumula experiencia con cada interacción, en cualquier lugar del mundo y al mismo tiempo.

Nos conoce mejor que nosotros mismos y puede darnos exactamente lo que queremos. Por esto se habla de economía de la intimidad.

Marcas, partidosinfluencers, gobiernos, plataformas, medios, agencias de publicidad: todos tratarán de llegar más hondo, para conectar en lo más íntimo e influenciar nuestro comportamiento.

Su herramienta será la inteligencia artificial generativa: una evolución más en el milenario camino de la persuasión.