La IA va a las urnas

Miles de inversionistas están encantados; millones de trabajadores (y votantes), no tanto.

La única manera en que la IA generativa puede ser negocio es reemplazando trabajo humano.

Esta es la tesis de inversión de las startups de IA y de los fondos de capital de riesgo que las financian.

Sólo un TAM (Total Addressable Market) cómo la totalidad del mercado laboral puede justificar las evaluaciones actuales y la inversión asociada.

Esta “narrativa del reemplazo” ha generado dos reacciones de signo opuesto.

  • Del lado del capital, encanto: mercado gigantesco, tecnología prometedora y en trayectoria ascendente. A los inversionistas les brillan los ojos: “what’s not to like?”.
  • Del lado de las personas la reacción es la contraria. Hoy, el consumidor promedio -especialmente si es trabajador del conocimiento- “odia” la IA.

Y ahí está el problema: el consumidor también vota, y pronto este “odio” podría traducirse en un comportamiento electoral relevante.

Los capitalistas de riesgo son 5.000. Los votantes -si pensamos en Estados Unidos- son 150 millones.

No hace falta ser analista para saber cuál de los dos grupos va a pesar más en el escenario político.

La Inteligencia Artificial aparece en la agenda
Sin presión…

Hasta ahora la IA no ha aparecido con fuerza en el debate electoral. Pero eso va a cambiar.

Si tuviera que ponerle fecha, diría que en las elecciones de mitad de mandato de Estados Unidos en noviembre de este año.

Puede que me equivoque (ha pasado); pero ya hay señales.

Desde la izquierda, Bernie Sanders ha puesto el tema sobre la mesa desde hace meses con sus videos de YouTube.

Desde la derecha, el gobierno de Trump y el partido republicano ven la Inteligencia Artificial como motor de crecimiento económico -que efectivamente ha sido en los últimos trimestres- y como herramienta clave para no perder el liderazgo global frente a China.

El escenario posible para las midterms es bastante claro: los republicanos alzan la bandera de la competitividad y los demócratas la de los derechos de los trabajadores y la concentración de la riqueza.

Ambos corren riesgos.

Para los demócratas, frenar la IA puede ser un disparo en el pie: más allá del rédito electoral de corto plazo, no está claro que les convenga obstaculizar una tecnología que promete aumentar la productividad del país.

Para los republicanos, abrazar la IA con demasiado entusiasmo los pone -otra vez- del lado de los multimillonarios – una posición incómoda en épocas de inequidad.

El vacío narrativo
No mencionó si quien los reemplace vaya a ser Copilot u otro modelo.

Más allá de las jugadas políticas, el problema de fondo es otro.

La IA no ha podido demostrar cuál va a ser su impacto positivo sobre la vida de las personas.

Si la única promesa de valor de esta tecnología es “voy a reemplazar tu trabajo”, ¿te sorprende que la gente se oponga?

Y oponerse no significa salir a marchar.

Significa posiblemente votar en contra de un gobierno que le facilite la vida a las empresas de IA: que les subsidie centros de datos, les reduzca la burocracia o intervenga para salvarlas cuando el mercado las castigue.

Hace poco el jefe de IA de Microsoft, Mustafa Suleyman, dijo en una entrevista con el Financial Times que la Inteligencia Artificial va a automatizar el trabajo de abogados, contadores, project managers y marketeros en los próximos 12 a 18 meses.

No es el primero en decir algo así. Ya Dario Amodei, CEO de Anthropic (sí, el de Claude), había advertido que el 50% de los empleos junior podrían desaparecer en pocos años.

La diferencia es que Amodei lo planteó como alerta. Suleyman lo planteó como feature.

No puedes anunciar que vas a reemplazar millones de trabajos de clase media/media alta sin proyectar qué vas a hacer frente a esa realidad.

O mejor: sí puedes, pero solo como empresa privada.

A los gobiernos y a los estados les toca la responsabilidad de proyectar y absorber este impacto de una manera que sea socialmente aceptable.

Y a esto súmale el tema de la energía.

Los centros de datos de las hyperscalers están empujando la demanda eléctrica al alza, con el petróleo ya por encima de los 100 dólares el barril…

La cuenta de luz también va a las urnas.

¿Y en América Latina?

Lo más probable es que los estados reaccionen a esta situación en vez de anticiparla. Es normal – tienen emergencias más urgentes: seguridad, salud, inflación, educación, pensiones, conflictos internos y externos.

Eso significa que lo que viene es un ciclo de aceleración de la industria privada, seguido de reacciones políticas y electorales, seguido de regulación o intervención estatal.

De las midterms de Estados Unidos van a salir indicaciones importantes para nuestra región.

El problema en América Latina será de menores proporciones: tenemos un porcentaje más bajo de trabajadores del conocimiento.

Pero igual va a cobrar relevancia: esos trabajadores están fuertemente representados en la política, en la academia, en la cultura y en los medios de comunicación – todos poderosos amplificadores del malestar.

Los que van a sentir más el impacto de esta tecnología son precisamente los que tienen más influencia para reaccionar.

Me temo que el debate va a seguir la pauta de las tres P de la política contemporánea: populismo, polarización y post-verdad.

En otras palabras: no podemos esperar un debate informado y racional (si es que alguna vez lo hemos visto).

Lo que vamos a tener son posiciones exageradas, basadas en información parcial y presentadas en la lógica de “nosotros contra ellos”.

Por eso va a ser tan importante participar desde la sociedad civil.

He escrito antes sobre la economía y sicología del reemplazo (incluso inverso) y sobre el triple impacto que la adopción de la IA tiene sobre la persona, la organización y la sociedad.

Este tercer impacto -el social- está a punto de pasar de lo teórico a lo electoral.

Y en ese momento vamos a necesitar todas las voces que podamos conseguir.


Te quiero invitar a la comunidad de directivos que están adoptando IA: Biniac ­El Laboratorio.

La creamos junto con David Zuleta para entrenar microhabilidades de trabajo aumentado.

Aprendemos haciendo, observando y reflexionando sobre el trabajo real.

En ese espacio, la Inteligencia Artificial se combina con la Inteligencia Colectiva para convertir habilidades en superpoderes profesionales.

En prática te va a encontrar con dos ejercicios semanales y las discusiones relacionadas. No hay noticias, ni memes ni nada por el estilo – puro impulso a la adopción.

Aquí puedes sumarte: Laboratorio: experimentos con IA


Si quieres seguior en el universo mrgnt aquí tres buenos temas: