Ojo con el turismo de innovación

El taller no va a adoptar por ti; la clave está en lo que pasa el lunes siguiente…

¿Cuántos talleres de IA has tomado en estos últimos doce meses? Uno, dos, tres… capaz que ya perdiste la cuenta.

Hay mucha oferta, para todos los gustos: grátis, carísimos, virtuales, presenciales, buenos, buenísimos…

Ahora la pregunta incómoda: ¿cuántos procesos cambiaste en tu trabajo después de cada uno?

Si la primera respuesta es mayor a la segunda, sigue leyendo. Podrías estar cayendo en una trampa delicada…

El turismo de innovación
Volviendo a la oficina después del enésimo taller.

Los talleres de IA son buenos — lo digo en serio y sin ironía. Dedico parte de mi energía a organizarlos.

Son necesarios, aceleran el aprendizaje, rompen el hielo con la tecnología y crean lenguaje común en los equipos.

El problema no es el taller. El problema es lo que pasa -o no pasa- cuando termina.

El participante sale emocionado, con tres ideas brillantes y la firme convicción de que “esto hay que implementarlo”. Llega a la oficina el lunes. Le cae el correo encima. Y trabaja igualito a la semana anterior.

Eso no es adopción: es turismo de innovación.

Ya lo dijimos antes: acariciar al gatito en la tienda de mascotas no es adoptarlo. Adoptarlo es llevárselo a la casa y hacerlo parte de tu vida. El taller es la tienda de mascotas. Lo demás depende de ti.

Y aquí vale la pena hacer una distinción: lo que depende de ti es completamente distinto según tu lugar en la empresa.


El primer escenario: eres el/la líder.


Saliste del taller con el conocimiento.

Ahora te toca crear las condiciones para que ese conocimiento se convierta en cambio – y eso nadie lo va a hacer por ti.

Si el taller era de los míos, te contaron de los cuatro mandamientos:

  • darle claridad a tu equipo (”usarán IA por defecto, no es opcional”),
  • darle tiempo real para practicar,
  • darle una visión ambiciosa que aproveche los súper poderes y
  • dar tú el ejemplo todos los días.

Sin estos cuatro mandamientos, el taller más caro del mundo produce cero adopción.

Con ellos, hasta una sesión de medio día puede cambiar la manera de trabajar de toda una empresa.


Segundo escenario: tú no eres el líder


Este escenario es más común y más incómodo.

Fuiste al taller. Aprendiste. Volviste con ganas. Y tu jefa no sigue ninguno de los cuatro mandamientos: no te da claridad, no te da tiempo para cacharrear, no propuso una meta ambiciosa y sigue sin usar la IA ella misma.

¿Qué haces?

Tienes tres caminos; ninguno es fácil.

  • El primero es liderar desde abajo: mostrar resultados con la IA sin esperar permiso, hacer que tu jefa quede bien con los logros, evangelizar hacia arriba con paciencia. Es la más noble — y la más agotadora. También es la que más impacto tiene si funciona.

En una empresa sin liderazgo claro, el que adopta primero se convierte en el liderazgo de facto.

  • El segundo es volverse Secret Cyborg: usar la IA igual, pero a escondidas. No es lo ideal -la ansiedad de ser “descubierto” tiene un costo real, la seguridad peligra- pero es mejor que no usarla.

Y a veces es el único camino disponible mientras el liderazgo se pone al día.

  • El tercero es el más radical: buscar un empleador que valore lo que sabes y las ganas que tienes. No para todos, no en todas las etapas de la carrera.

Pero si llevas meses en una empresa donde la adopción está bloqueada por arriba, es un camino válido.

Ninguno de estos caminos es cómodo. Pero los tres son más honestos que seguir acumulando talleres esperando que algo cambie solo.

La pregunta no es cuántos talleres llevas.

La pregunta es qué hiciste el lunes siguiente – especialmente si eres líder en tu empresa.


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